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ÓPTICA, PERSPECTIVA E ILUSIÓN EN ROMA

Cómo la ciencia de la visión se convirtió en el fundamento secreto del arte y la arquitectura barrocos.

En Roma, la visión nunca ha sido una ventana transparente al mundo: ha sido un proceso calculado, una construcción geométrica, un argumento filosófico plasmado en piedra y yeso.

Este itinerario de seis paradas explora los lugares donde la Roma barroca transformó la ciencia de la visión en materia construida, y donde esa materia siempre ha coincidido con una demostración. Comienza en la galería de perspectivas del Palazzo Spada, donde Borromini calculó ocho metros de espacio que el ojo percibe como treinta: el primer argumento filosófico construido en la arquitectura. Pasa por la Sala de las Perspectivas de la Villa Farnesina, donde Peruzzi pintó en yeso las columnas y campanarios de una Roma real y reconocible, eliminando los muros de un edificio que nunca dejó de tenerlos. Entra en la iglesia de Sant'Ignazio, donde Andrea Pozzo pinta una cúpula inexistente sobre una bóveda plana y teoriza sobre el engaño en el tratado más importante sobre óptica aplicada del siglo XVII. Observamos la bóveda de Baciccia en el Gesù, donde la ilusión no es geométrica sino fisiológica: la luz, la saturación cromática y el estuco tridimensional se funden con la pintura plana hasta que el límite entre ambos se vuelve invisible. Visitamos el Colegio Romano, donde el jesuita Kircher construyó cuartos oscuros, laberintos de espejos y linternas mágicas: instrumentos científicos que sus contemporáneos no podían distinguir de la magia. Finalmente, llegamos al Palazzo Altemps, donde las esculturas antiguas plantean la pregunta opuesta: contemplar lo antiguo es ya un acto de construcción perceptiva, y toda interpretación del pasado es también una teoría del presente.

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